Fake Herald Tribune: Entrevistas

Sección de entrevistas del diario electrónico Fake Herald Tribune

Wednesday, November 02, 2005

Habla un disléxico: "Cada sílaba pronunciada correctamente puede ser la última"

Juan Caja, presidente de la Asociación de Disléxicos Españoles (ADE), es un estremecedor testimonio de las dificultades que tienen que soportar los disléxicos con tal de ser aceptados por la sociedad.

- En primer lugar, ¿cómo se dio cuenta de que era disléxico?

- Creo que fue a los 9 años, cuando jugué mi primera partida de Scrabble.

- Algo realmente doloroso, me imagino.

- Mucho. Mi padre creía que bromeaba y se molestó tanto que los del SAMUR tuvieron que sacarme las letras de la garganta con pinzas.

- ¿Y en el colegio? ¿Son numerosos los traumas de un niño disléxico? ¿Se podría decir que lo pasa peor un niño disléxico que por ejemplo un niño autista o un niño que se cree robot?

- José Luis, el niño robot, y Alfredo, el niño autista, eran mis dos mejores amigos de la infancia. Siempre hacíamos competiciones para ver quien lo pasaba peor. Cuando acabamos la ESO, los resultados dieron la victoria al José Luis, e incluso le entregamos un premio en clase. Ahora es muy feliz y se ha casado con una aspiradora.

- ¿No hay remedio para la dislexia?

- Yo he probado todo lo conocido: lobotomía, electrochoques, tratamiento de shock, etc., y lo único que he conseguido es un trauma, un trozo menos de lóbulo prefrontal y 23 tics faciales.

- Entonces, ¿la cirugía y otros medios más agresivos como por ejemplo la rigidez hipnótica quedan descartados?

- Muy a mi pesar, sí.

- Tengo entendido que según diversos estudios demuestran que un disléxico puede leer el "Ulises" de Joyce en un tiempo récord.

- Así es. Yo utilizo mis visitas al baño para releerlo. Soy muy regular en mis necesidades, así que lo suelo leer una vez al día.

- ¿Y sobre la capacidad que tienen los disléxicos de controlar las mentes de los demás?

- (Silencio)

- Siento una extraña necesidad de pasar a otra pregunta. Háblenos de la asociación que preside. ¿Cuales son sus objetivos?

- Nuestro objetivos son ambiciosos: pretendemos dar a los disléxicos el lugar que se merecen dentro de esta sociedad, junto a los parados. Ambos colectivos queremos desligarnos de la etiqueta de inutiles que se nos ha adjudicado y demostrar que podemos llegar a ser alguien.

- ¿Como por ejemplo hacer llegar a un disléxico a la Casa Blanca?

- No, me refiero a personas de provecho: barrenderos, vigilantes nocturnos, porteros, dependientes de gasolinera,...

- Sin ir más lejos el portero de mi edificio creo que es disléxico.

- Y, ¿tiene problemas para recordar los nombres de los vecinos?

- No. Confunde la escalera izquierda con la derecha.

- Tampoco es alarmante.

- Y la fregona con el paraguas.

- Eso si que es grave, deben tener la portería hecha un asco y el hombre debe agarrar unas pulmonías de aúpa cada vez que llueva.

- Así es. Volviendo a su asociación... ¿con cuántos socios cuentan?

- Este año somos 16, pero dentro de nuestro ambicioso proyecto entra el llegar a los 20 miembros antes del año 2010.

- No pensaba que hubiese tantos disléxicos en el país. ¿Y cómo les entretienen?

- Nos negamos a entretenernos, no queremos que se nos vea como a personas frívolas. Además hemos probado diversos juegos y las consecuencias han sido desastrosas

- ¿Es real esa anécdota que se oye sobre el juego de las sillas?

- Sí, pero no puedo dar más detalles. Los implicados hicieron un pacto de silencio y el agredido cobró una indemnización por los daños sufridos.

- Algo realmente doloroso, me imagino.

- Mucho. Los disléxicos sentimos una gran frustración que nos conduce a una agresividad desmesurada contra todo el mundo. Una de las razones de que nuestra organización no aumente con los años es que, lamentablemente, las bajas debidas a la violencia intragrupal son numerosas. Pero todo es culpa de la sociedad, según afirman los expertos.

- Para terminar, ¿cómo se le presenta el futuro a los disléxicos en esta sociedad?

- A los disléxicos nos gusta vivir el día a día, porque somos conscientes de que cada sílaba, cada r pronunciada correctamente, puede ser la última. Desde aquí me gustaría hacer un llamamiento para que se nos deje de tratar como ciudadanos de segunda y se nos respete más. Gracias por la atención.